23 oct 2022

EL YOGA ES EL CESE DE LAS FLUCTUACIONES MENTALES


Fujifilm XS10, Tailandia, Chiang Mai, 2021
Fujifilm XS10, Tailandia, Chiang Mai, 2021

Así describió el yoga el sabio Patañjali en su recopilatorio de textos conocidos como Yoga Sutra. En el siglo II a.C. el maestro que creó los fundamentos del yoga ya creía en la necesidad de aquietar la mente para llegar a un estado de conciencia superior.

Vivir en Tailandia y pasar un tiempo en la India, además de dedicar bastantes horas a la práctica y al estudio del yoga y del budismo me han ayudado a encontrar el foco, y a valorar la sencillez en las palabras, en los actos e incluso en los pensamientos, lo que no significa que no sea profundo o complicado, pero si sobrio y certero. 

Esto me ha llevado a mantener, a lo largo de los años, este sencillo espacio, como un pequeño templo que recoge mis pensamientos e historias de las personas que voy conociendo en el camino mientras viajo. Después de dedicar mucho tiempo a crear páginas web con diseños sofisticados, a darle vueltas a ideas con las que sorprender a los lectores y enfrascarme en la búsqueda de un proyecto viajero que pueda funcionar, hoy opto por cerrar todos esos espacios y quedarme aquí, en mi pequeño hogar digital nómada. Aquí, un espacio donde puedo compartir la travesía mediante la imagen y la escritura, sin expectativas, sin fluctuaciones mentales. 

"El yoga es la detención de los procesos mentales que conduce a la contemplación perfecta y al conocimiento pleno del objeto contemplado".

5 oct 2020

21 may 2020

ESTOS SOMOS NOSOTROS, ASÍ SOY YO.

Canon EOS 550D, Turquia, Estambul, 2019.

Volví en mis pasos hacía atrás para volver a admirar la bella estampa que mis ojos habían visto pocos segundos antes. Dicen, estos somos nosotros, así soy yo.

Callejear por las estrechas calles de Estambul acompañada de mi cámara era el momento más esperado del día en mis continuas estancias en la ciudad. Desayunaba el delicioso desayuno turco mientras charlaba con algunos de mis compañeros de habitación, aunque la mayoría de mañanas las disfrutaba en soledad saboreando el café a la luz del sol en la terraza del hostel.

Aquella mañana, junto a un compañero de viajes que recién había conocido, nos perdimos por las calles de Fatih. Y entonces allí estaba, lo que se convertiría, más adelante, en una especie de vaticinio. Aquellos dos humildes hombres charlaban tranquilamente en turco mientras tomaban un elma chai, en el interior de un local destartalado y totalmente vacío de clientes. La representación de un momento captado en el tiempo de una hogareña estampa que se convertiría, más adelante, en la expresión identitaria de uno de los pueblos más perseguidos de Turquía.

Volví en mis pasos hacía atrás para volver a admirar la bella estampa que mis ojos habían visto pocos segundos antes. Dicen, estos somos nosotros, así soy yo.

23 dic 2019

UN CHAI EN EL ATARDECER DEL BÓSFORO


Canon 550D, Turquía, Estambul, 2019
"Si aprendemos a ver así una ciudad y vivimos en ella lo suficiente para tener la oportunidad de unir su paisaje a nuestros sentimientos más auténticos y profundos, un tiempo después las calles de nuestra ciudad, sus vistas, su paisaje, se convertirán en una serie de cosas que, de la misma forma que hay ciertas canciones que nos recuerdan de inmediato amores y decepciones, nos recordarán uno por uno determinados sentimientos y estados espirituales".

Posiblemente Orhan Pamuk ha sido la persona que más profundamente ha estado enamorado de una ciudad caída en desgracia con el paso de los años y su ilusorio intento de una occidentalización que parece estar estancada.

Muchas son las veces que paseo por las calles de Estambul, pues por suerte o por desgracia tengo la oportunidad de viajar a Turquía en bastantes ocasiones a lo largo de este año. Recuerdo mis primeras impresiones de una ciudad fría y derrumbada en la que perderse por las callejuelas de Aksaray era una aventura; los hombres tomaban café turco en pequeños taburetes al lado de mesitas que se situaban en el exterior de las 'tabernas', mientras las mujeres, algunas con su característico hijab, paseaban por las calles acompañadas de sus hijos que se declaraban en huelga cuando no le consentían sus caprichos. Estas estampas costumbrista solo las encuentro cuando decido perderme y salir de barrios como Eminonü y Karakoi donde el turismo y la vida contemporánea se muestra en cada rincón de sus calles y habitantes.

Las siguientes veces que viajé a Estambul empecé a sentirme como en casa, a normalizar el camino ya conocido del aeropuerto a mi estancia y a las calles que por muchas veces que recorra siempre me transportan a un pasado otomano entre las mezquitas de Mimar Sinan y las teterias de narguile. El tráfico es concurrido y muchas veces la espera se hace más larga, pero en cada viaje espero con ilusión el momento en que a través del cristal de la ventana aparezca el mágico Bósforo iluminado por la luz de la luna que en la oscuridad de la noche se refleja en toda la ciudad.

El Bósforo causó en mí una inspiración que me hizo enamorarme poco a poco de Estambul, un amor que a su vez se convierte en un misterio en ocasiones y en rechazo en otras, cuando personas que he conocido en mis estancias en Estambul empezaban a confesarme sus historias. Turcos, kurdos, griegos, árabes... existe una gran variedad de comunidades que conviven en lo que una vez fue Constantinoble, un país que es famoso por su variedad cultural y religiosa y que acoge a miles de refugiados cada año, un país en el que supuestamente esta convivencia no deriva en conflictos ideológicos, supuestamente.

Sobre esta imagen idílica de un país que transcurre entre Oriente y Occidente se esconden realidades más duras que hoy día se pueden percibir siendo incluso una visitante de paso, una problemática social que se respira en el aire cuando paseas por las calles. Después de mi segunda visita a Estambul, empecé a entender el significado de aquellos grupos que se situaban a lo largo de la Avenida Istikal y cantaban mensajes de amor y libertad a su pueblo, sin embargo, desentendida de los diversos idiomas que aquí se hablan y de las problemáticas que aquí ocurren, en un principio sólo percibía la esencia de los artistas, pero no la emocional e identitária que percibiría con el paso de los días.

Las banderas rojas con la luna menguante y estrella blanca se alzan a lo largo del país para que no olvidemos las sangrientas batallas que lucharon los civiles turcos para conseguir su independencia, al mando del queridísimo nacionalista Ataturk, cuya imagen aparece colgada en cada uno de los establecimientos de la ciudad siempre que sus dueños sean de origen turcomano, Atatürk. Al mismo tiempo la bandera recuerda que estamos en un país donde se profesa la religión más expandida en el siglo XXI, el Islam, que ha sido instaurada nuevamente en el país por el actual presidente Erdogan, quien a su vez se ha hecho construir una mezquita al lado del monumento al republicano Atatürk.

De la misma manera que te enamoras de alguien, me enamoré de Estambul, y de las historias que ésta alberga dentro de sus muros, a cada cual más triste, injusta y esperanzadora. Una ciudad a la que tardaré en volver, por la que tanto paseé acompañada siempre de un refrescante Ayran por las calles de Aksaray, su aroma que vuelve a mí como ráfagas de nostalgias, y sus memorias que quedan como cicatrices de lo que una vez fue el destino de mis pasos. Y sobre todos esos recuerdos, el Bósforo, un Bósforo que iluminaba mi camino y me acariciaba con su fresca brisa en la contemplación que le dedicaba durante horas al atardecer, acompañada de la lectura de 'Estambul' de Orhan Pamuk.

Unas tierras que han supuesto un punto de inflexión en mi vida, pero especialmente en mi pensamiento. Hasta que volvamos a vernos Estambul.

7 jul 2019

LAS TRES GRACIAS EN LAS CIMAS DE CIORAN

'Toda gracia es un vuelo, una voluptuosidad de la elevación' nos dirá Cioran. Y es que las tres figuras femeninas procedentes del famoso mito griego, Las tres Gracias, se las ha representado desde sus orígenes en una danza situada en un entorno edénico entre el hechizo y la belleza de la primavera paisajística, en una especie de trance hipnótico que fusiona lo ritualístico con lo placentero. Lo más curioso es que el escritor existencialista considerado a si mismo como no-filósofo, dedique en su obra una parte al concepto de la Gracia como la salvación del ser humano dentro de lo terrorífico de la vida.

El término 'Gracia' alude en sus orígenes a las Cárites, que posteriormente la cristiandad adoptó para su glorificada Gracia Divina donde, según Santo Tomás, la Gracia es el don que posee el hombre para auto auxiliarse e inducirlo a crear buenas acciones en vida a través de Dios, un término que ha sido utilizado a lo largo de la historia por la religión para dar nombre a un estado glorioso del ser, donde el cristianismo ha hecho del término su propia apología.

Aglaya, Eufrósine y Talia, además de representar la gracia divina, también fueron la representación del canon de la belleza ideal de la época, que dejó una herencia en toda la historia del arte. Fue Rafael Sanzio uno de los primeros artistas en representar las tres figuras envueltas en una castidad sintética, desprovistas de lo que hoy en día podemos entender como 'gracia', con posiciones modelicamente perfectas imitan las esculturas griegas en la rigurosidad de sus formas y en sus expresiones que se alejan, en su evasión, de la mirada del espectador.

Será Rubens quien rompa con la imagen estática, recreando a las Diosas de la belleza a través de sus exhuberantes contornos que dejan a la luz un desnudo prominente, que roza lo sensual y encarna la imagen de belleza que se alababa en el Barroco, envueltas en una danza frenética donde la gestualidad y la posición han pasado a un segundo término. La evolución se fija en que la obra de Rubens parece más bien la captación de un instante, mientras que Rafael parece pintar unas modelos posando.

En Rubens se representa perfectamente lo que Cioran entiende por Gracia, opuesta a la desesperación: 

¿Acaso la danza no es la expresión más viva de la gracia? El sentimiento de la vida que da la gracia convierte a ésta en una tensión inmaterial, en un flujo de vitalidad pura que no sobrepasa nunca la armonía inmanente a todo ritmo delicado. La gracia actúa siempre como una fantasía de la vida, como un juego gratuito, como una expansión que halla sus límites en el interior de sí misma. De ahí que produzca la ilusión agradable de la libertad, del abandono directo y espontáneo, de un sueño inmaculado desbordante de claridad'

La belleza, el júbilo y la abundancia también serán representadas en escultura por Cánova, al estilo más Neoclasicista, el conjunto escultórico expresa una alta sensibilidad en las formas, las figuras interaccionan entre sí para demostrar una sutil sensualidad que conmueve el término que las caracteriza. El escultor representa con esta obra uno de sus mayores exponentes en lo que se refiere a las texturas cárneas y la elegancia de las formas, una sensibilidad que Cioran volverá a tratar en su obra 'En las cimas de la desesperación', donde alude la Gracia como la representación 
de una victoria sobre la presión de las fuerzas de atracción subterráneas, una evasión de las garras bestiales, de las propensiones demoniacas de la vida y de sus tendencias negativas. La superación de la negatividad es uno de los aspectos esenciales del sentimiento 'gracioso' de la existencia.'
Y es que el término en sí, relacionado con la religión, no deja de ser un estado de elevación ante la vida, sea a través del éxtasis dogmático o de la propia consciencia del existir sin Dios, una virtud que solo algunos hombres pueden alcanzar en su devenir existencial, lo que no supone una ignorancia ante lo aterrador del ser, sino más bien una iluminación en el camino de las pretensiones diabolicas.   

23 jun 2019

UN PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE: HARISH CHANDRA (PARTE V)

Se dice en el Bhagavad Gita que si a lo largo de nuestra vida dedicamos nuestras acciones al servicio de Krishna, a la hora de la muerte se nos representará la consciencia de Brahma como el último pensamiento de esta vida material, lo que facilitará la unión con el Ser Supremo. Así, no importa la casta o clase social a la que pertenezcamos, mientras nuestras acciones estén alineadas con el Dharma asignado y en su transcurso se tenga consciencia del Supremo.

Canon M10, Varanasi, India, 2019.



Las noches en Benarés se iluminan por las farolas que desprenden un color anaranjado en cada uno de los ghats que protagonizan los actos más transcendentales de esta ciudad. La atmósfera sigue siendo pesada, pero a estas alturas esa pesadez se ha vuelto parte de mi ser y ya no molesta ni me parece insoportable, la acepto como un estado transitorio en el que me encuentro actualmente. 

El paseo por los ghats en la oscuridad va acompañado de algunos perros callejeros que buscan una caricia o un juego infantil, además del hedor característico al que ya me empiezo a acostumbrar, la ceniza de nuestros propios restos terrenales. El fuego de algunas piras ya se desvanecen entrada la noche, pero en absoluto silencio vislumbro un pequeño grupo de personas que hacen presencia ante la cremación de un fallecido. Me encuentro en el Ghat de Harish Chandra, donde se llevan a cabo los rituales funerarios de las personas con menos recursos, a los que aquí en India denominan 'Dom', según su registro de castas.

Como dice Swami Prabhupada en su prólogo del Bhagavad-Gita tal como es, 

"El proceso de abandono de este cuerpo y de obtención de otro cuerpo en el mundo material, también está organizado. El hombre muere después de que se ha decidido qué clase de cuerpo tendrá en la vida siguiente. De acuerdo con nuestras actividades en esta vida, o bien ascendemos, o bien nos hundimos. Esta vida es una preparación para la siguiente. De manera que, si podemos prepararnos en esta vida para ser promovidos al Reino de Dios, entonces, después de dejar este cuerpo material, es seguro que obtendremos un cuerpo espiritual tal como el del Señor"

Parece incoherente como se representa la muerte como una ajusticiadora cuando en esta vida misma existe un sistema de castas y desigualdad tan arraigado a la propia religión y creencia. Sin embargo, tal juicio de valor, inevitable en una situación como tal y con un bagaje cultural totalmente distinto al indio, es necesario apartarlo cuando te haces consciente de que, a fin de cuentas, todos vamos a morir y todos seremos enterrados según la tradición a la que pertenezcamos; religiosa, laica o secular. 

Patañjali mencionó a cinco tipos de sudras; los sakas y yavanas (escitas y griegos), que viven allende el país de los aryas. En segundo lugar, los chandalas y los doms que viven en los pueblos de los aryas pero cuyos alimentos los aryas tienen prohibido tomar. En tercer lugar los grupos como los lavanderos, los carpinteros cuyos alimentos si pueden comerse pero no pueden participar en los rituales de los aryas, en cuarto lugar los sudras 'limpios' que pueden participar en los ritos de los aryas y finalmente los que vivían más allá de los límites de las aldeas aryas.

El Chandala o Dom, aún estando excluido de los rituales y la tradición sagrada, forma parte del sistema dhármico, y en parte por ello son los que suelen ejecutar los ritos funerarios de los aryas. Como afirma Agustín Pániker, 'puesto que la muerte es un momento de máxima polución es el impuro dom quien atiende en la pira de cremación', y éste, a pesar de estar a los márgenes de la sociedad según el sistema de castas, su papel es vital en el sistema.

Vuelvo a poner en práctica el Pratyahara de Patanjali, para tomar distancia de mis propias ideas y simplemente ser y estar en el momento presente ante tal conmovedor ritual ante un grupo de personas con las que, a fin de cuentas, sin importar clases o jerarquías, me siento igual de identificada en lo que respecta a su esencia. El resto queda en mi recuerdo y en uno de los momentos más transcendentales que he vivido en este periplo por la India.



20 jun 2019

UN PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE: DASASHWAMEDH (PARTE III)

Canon M10, Varanasi, India, 2019.

Amanezco de madrugada bajo una manta en el hall del Hostel, la alarma del móvil marca las 4:30, y entonces recuerdo, entre risas y conversaciones en idiomas variopintos, que unos cuantos recién conocidos habíamos realizado un acto de fe la noche pasada para presenciar la matutina ceremonia de Arti que se celebra cada madrugada a lo largo del río Ganges en distintos puntos del país. Estábamos en Varanasi, así que experimentar esta ceremonia de buena mañana en la Ciudad de la Luz podía mostrar una visión completamente distinta a la Ceremonia Aarti que viví semanas atrás en Rishikesh. 

La neblina desvanecía toda imagen clara del horizonte, la sensación de estar en una dimensión totalmente distinta a la realidad se iba desvaneciendo cuando mi olfato seguía el camino que me llevaba a uno de los primeros puestos de Chai que acababan de abrir. El aroma, el sabor a especias y el calor que emanaba de la pequeña taza de té empezó a despertarme en la realidad de una forma cálida al mismo tiempo que excitante, la Ceremonia Aarti en Kashi era uno de los principales motivos de este viaje.

El cielo encapotado, la fina llovizna y la gélida brisa matinal acogían a cientos de personas, en su gran mayoría hindúes, que esperaban a que las manecillas de su reloj marcaran la hora para dar paso a la Ceremonia y realizar las primeras pujas y el primer baño de purificación del día. 

El continuo olor a incienso que caracteriza a Varanasi era aún más fuerte de lo normal, quizás por ser temprano y tener aún los sentidos atrofiados, o quizás porque dicho olor anunciaba una bella estampa de lo que ocurriría unos minutos más tarde, la gran tormenta. Y así, en silencio, bajo el caos de la gente corriendo para cobijarse de la fuerte lluvia, resguardada en el porche de un pequeño templo presidido por un Baba, presencié la madrugada más bella de la India. Cada día que pasa Varanasi me sumerge más en sus misterios.


17 jun 2019

UN PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE: ASSI SAIMBEDA TIRTHA (PARTE II)

 A diario pasa la procesión que transporta un cadáver hacia Manikarnika. Todas las noches arden las hogueras a la orilla del río... Aquí la muerte no se niega. Tal vez por eso mismo pueden decir que la muerte no ha de temerse, sino que ha de recibirse con los brazos abiertos, como un invitado al que hacía tiempo que esperábamos. -Diana Eck (Banaras, city of lights).

Kashi está envuelta en una atmósfera más que sagrada, cargada de una indescriptible sensación a mareo, así es como percibo el centro de Varanasi la primera mañana que me dispongo a buscar un desayuno que me recargue las energías que gasté el día anterior en el camino de 8 horas de bus desde Agra, pero el entusiasmo por volver a reencontrarme con la Diosa Ganga mediante sus aguas me hacen ir directamente al Ghat.

Hombres que se sumergen tres veces en sus aguas para purificarse, otros que juntan las manos a modo de plegaria al tiempo que recitan un mantra, mujeres que venden ofrendas para realizar pujas en el Ganges, niños que corretean por las escaleras... todo tiene una delicada reminiscencia a Rishikesh, pero ahora me siento profundamente absorbida por el entorno que me rodea. Mientras me siento en un escalón en soledad, si es que eso es posible en la India, me cuestiono el 'quod semper, quod ubique, quod ab omnibus creditum est' (lo que siempre es, lo que es en todas partes, lo que es creencia de todas las gentes). Si hay algo que me ha sorprendido en mi periplo por el norte de la India es el concepto que se tiene de la vida y por consiguiente de la muerte.

Canon M10, Varanasi, India, 2019.

En Bharat, la muerte puede romper los esquemas de los que somos bebedores de las tradiciones monoteístas Abrahámicas, si bien el conocimiento del budismo es algo que se ha extendido por Europa, el hinduismo es una religión supuestamente politeísta de la que simplemente conocemos la representación de sus múltiples dioses porque nos recuerda al mito griego del que procedemos. Y si es cierto que ciertas premisas del hinduismo nos pueden recordar al Islam, como por ejemplo pensar una 'primera muerte' antes del juicio, el pensamiento hindú se vuelve a alejar de la premisa musulmana a través de la interminable reiteración de la muerte mediante las múltiples reencarnaciones que nos llevan a experimentar la manifestación impersonal de la consecuencia, y no tanto pensado como un juicio final.

Cuando Krishna recuerda a Arjuna su Dharma en el Bhagavad Gita, nos guía hacía el sentido central de la mortalidad en el hinduismo. 

Quien piensa que el yo encarnado puede ser el que mata o el que es muerto, no ha entendido nada de nada. No mata ni tampoco es muerto. No ha nacido, no muere... No es muerto cuando es muerto el cuerpo... Tal como una persona se despoja de sus vestiduras cuando éstas están desgastadas y se pone unas nuevas, así se despoja el yo encarnado de sus cuerpos viejos para ingresar en otros nuevos (...) existe un tránsito (en la muerte) a otro cuerpo. (ii.18 /ii.12).

Esta transmigración a otro cuerpo nos presenta al Dharma como la piedra angular del sentido de la existencia en cada una de las vidas a las que estamos destinados a experimentar según el Samsara, por lo que no debemos aferrarnos a la consecuencia de nuestros actos mientras cumplamos con el Dharma que nos ha sido asignado. Un precepto que rompe totalmente con la idea abrahámica de que según nuestras acciones seremos juzgados para ir al cielo o al infierno. Sin embargo, el juicio no está ausente en el hinduismo, pero se entiende desde una visión experimental y de aprendizaje y no tanto como un juicio final en el que padeceremos en el fuego del infierno o disfrutaremos de los ríos y manantiales del paraíso.


El Karma, ese concepto que tanto se ha tergiversado en los argumentos de la Nueva Era, no es más que la consecuencia de lo que hemos hecho en el pasado, por lo que, como afirma John Bowker, "lo que hacemos ahora creará las circunstancias en que haya de habitar el 'jiva' en el futuro" tanto en esta vida como más allá del renacer. Lo que transmuta es el 'Atman' que es el verdadero Brahma, y éste se encuentra en todas las cosas detrás de la ilusión denominada 'Maya', y del que todos los dioses del repertorio hindú son subordinados, por lo que la existencia del todo como Brahma convierte al hinduismo en una especie de religión monoteísta, al mismo tiempo creyente de una sola esencia en el universo.

"El yo sigue siendo inmutable pero renace repetidas veces, hasta que halla su propia vía hacia la liberación". El tan esperado Moksha, o conocido para los budistas como el Nirvana. 

Varanasi es la ciudad Sagrada para los hindúes, destino de miles de personas moribundas que emprenden su peregrinaje para poder ser incinerados en los Ghats de la ciudad de la luz y morir esparcidos en el río Ganges. Me pregunto cómo debe de ser la vida teniendo la concepción de que no vas a morir y que el acto de 'morir' es solo un pequeño periplo hacía una nueva vida, hacia un nuevo Dharma cargado de todos los aspectos positivos y negativos que ello conlleva.

Observo los rituales que se llevan a cabo a plena luz del día, que parecen ser la rutina diaria en esta ciudad tan particular. A los lejos vislumbro el humo que sale de la chimenea del crematorio, donde he podido corroborar la existencia del fuego eterno, el Agni del Templo de Shiva, el Dios de la destrucción y la reconstrucción.  Un humo que convierte el horizonte en una especie de escenario borroso y desprende una energía que me desorienta, no sé si por un efecto biológico o más bien psicológico, pues mi cuerpo se siente pesado y mi mente totalmente nublada.

Quizás sea cierto que el Atman como Brahma no muere, y por eso la atmósfera de Varanashi no me deja indiferente. Lo que no sabía es que después de cuatro años Varanasi seguiría en mi mente más conscientemente de lo que habría llegado a imaginar cuando escribí estos pasajes en mi diario de viajes.


"Sa va ayam atma brahma"

15 jun 2019

UN PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE: BENARÉS (PARTE I)

Canon M10, Varanasi, India, 2019.
 

Llegar a Benarés fue una pequeña odisea, pero los buses destartalados y las largas caminatas con una mochila de 30 kilos a la espalda no superaban las ganas de llegar a Benarés, la denominada ciudad Sagrada para los hindúes. 

El ambiente cargado de la ciudad presentaba la pesadumbre de las almas que allí mueren, a pesar de la característica vorágine de las calles de la India, en Benarés todo era distinto, al mismo tiempo que igual y familiar. Las abarrotadas callejuelas no dejaban caminar a un paso ligero, facilitando la presencia en el momento, absorbiendo el olor de la flor cempasúchil que caracteriza la muerte ritualística de muchas culturas al rededor del mundo, mezclada con el incienso de los templos que purifican el espeso aire que se siente conforme te vas acercando al Ghat del Ganges.

Y de vez en cuando un silencio inconsciente ante el paso de un cuerpo momificado, soportado por una endeble camilla sostenida por algunos jóvenes que esquivan y recorren las calles como si de senderistas expertos se tratase. El mundo se para por unos segundos, respiro el aire que me hipnotiza por un momento, y de repente el ruido, el grito, el pitido y la agitación vuelven, estamos en India. Algunos saborean deliciosos lassis del famoso Blue Lassi Shop, otros regatean los precios de un souvenir al experimentado vendedor y entre todos nosotros la esencia de la muerte pasa inadvertida. 

Me encuentro en un cierto estado de shock disimulado, pues mi primer encuentro con la muerte se me presenta difuso, incluso surrealista. Pero eso es porque mi cita con la muerte debía esperar al día siguiente.

4 may 2019

CAMUS: LA VIDA ABSURDA, O EL ABSURDO DE LA VIDA

Tras casi un año ausente de todo tipo de estímulo alterado, tengo la necesidad de escribir, aún sabiendo que posiblemente sea la unica lectora de mis propios pensamientos. No se trata de un escribir por escribir, siempre existe una motivación que empuja a la satisfacción de plasmar una idea. Suele pasar que, esos momentos de audacia, derivan de una causa poco definida, de una chispa de estimulación consentida, sin embargo en esta ocasión la causa de todas mis fatalidades existenciales se debe particular y exclusivamente a una razón clara, un mito. Y es lo que suele pasar cuando, mientras viajas a países donde las tradiciones evocan suspiros del más allá y lees una de esas grandiosas joyas que la filosofía existencialista nos ha dejado, te resurge la vocación, o más bien el ímpetu de encontrar un resquicio argumentativo al sentido de la propia existencia.

'Morir voluntariamente supone que hemos reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter ridículo de esta costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento' 

Decía Camus, en su obra El mito de Sísifo. Y continua en páginas posteriores 

'¿Es que ese insulto a la existencia, ese mentís en que se la hunde, proviene de que carece de sentido? ¿Es que su absurdidad exige escapar de ella, por la esperanza o el suicidio?'.

Lo absurdo de la vida parece ser una aceptación fragmentada de supuestas esperanzas vacías. La propia existencia de lo absurdo da un cierto sentido a la vida, porqué sin ella lo absurdo como tal no existiría, y por tanto Camus nos responsabiliza como acto signiticativo, casi esperanzador, de dar un cierto sentido a una existencia irracionable, vacía de todo contenido sistemático. La motivación de un suicidio contemporáneo parece resultar un auge autónomo en un colectivo individualista y un macrocosmos incomprensible, donde el individuo no acepta su insignificante existencia, que no tiene un motivo de ser, un sentido que a nuestro entendimiento racional o significativo para seguir viviendo. El hombre decide 'acabar' con su vida, porqué al igual que Sísifo, es consciente de una vida que se recrea en un eterno retorno, en una pesadilla absurda, o a decir, sin sentido. La inutilidad de la vida, el spleen baudeleriano, el hastío reiterativo, el pathos heidegeriano, que va a la deriva con la propia vida, y su incapacitado motivo de ser, de incomprensión consciente, de una pantomina existencial. ¿Esto se debe a que nos hemos recreado en una existencia tan egoístamente individualista y sustancialmente impotente que  imposibilita un significado racional que aporte un sentido? ¿O, simplemente es que, la existencia de por sí no tiene sentido alguno?

Si la vida no tiene un fin en si misma, puede parecer incluso respetable el suicidio como acción de consciencia sobre el insignificante sentido de nuestro ser en un mundo plagado de adversidades que angustian la existencia. Pero Camus nos asegura que la motivación de seguir viviendo deriva única y exclusivamente de una falaz esperanza, que visiona tiempos  mejores. Ya lo dijo Pip, "Tan imperfecta resultaba la realización de la primera de mis grandes esperanzas".
'Después de lo absurdo, todo se derrumba' dice Camus, y sigue en otras páginas '... es el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona'. 

E ahí esa ambigüedad, esa contradicción intrínseca de un quiero y no puedo, que va acompañada de esa continua bipolaridad hiriente, que se refuta a ella misma con argumentos insosteniblemente contradictorios. 

'A través de las experiencias dostoyevskianas del condenado a muerte, de las aventuras exasperadas del espíritu nietzscheano, de las imprecaciones de Hamlet o de la amarga aristocracia de un Ibsen, descubre, ilumina y magnifica la rebelión humana contra lo irremediable'
Nos enfrentamos a un sacrificio consciente y aniquilador de toda ilusión.

1 ene 2019

¿CÓMO ESCUCHAMOS EL SILENCIO?


Canon M10, Jaisalmer, India, 2019.

En un cálido amanecer en en el desierto del Thar todo es placentero, tranquilo, silencioso. Una fresca brisa roza el rostro que estremece el resto del cuerpo queriendo abrazarse en el cálido calor humano y en su ausencia es sustituido por una manta de la haima.  Cuánta soledad, cuánto silencio.

El horizonte se pierde en la lejanía, el viento me sigue llamando en un profundo silencio que me envuelve y finalmente me absorbe. Las voces se alejan y se sumergen en una dimensión completamente distinta en la que me encuentro, los camellos me observan de lejos con su característica serenidad casi estoica, y por un momento, me pierdo, me abandono.

Un silencio devastador y a la vez placentero, un silencio aterrador y a la vez acogedor, un silencio que duele.  Los amaneceres aquí, en el desierto con frontera a Pakistán, huelen al té recién hecho que me despierta de mi letargo causado por esta escena, y afortunadamente, tengo la oportunidad de vivir esta experiencia cada mañana desde que me he instalado aquí por unos días.

¿Qué tiene el silencio que aterra? ¿Cómo escuchamos el silencio? El gran "aprendiz" Ramiro Calle afirma que estamos tan inmersos en la corriente arrolladora del pensamiento que hemos perdido la capacidad de percepción. No lo dudo, la constante amalgama de mensajes que nos entran a través de los sentidos y nuestro intento por entenderlos o interpretarlos nos suscitan los infinitos círculos de un espiral, la persistente necesidad del 'yo' como máscara que sólo existe en reconocimiento del otro, la innecesaria necesidad de querer controlar el pasado y el futuro y aferrarnos a esas voces mentales.

La eliminación momentánea de la vorágine mental nos arroja a un túnel en el que la mirada difumina el paisaje, en el que el tacto se vuelve insensible, en el que el gusto se paraliza, en el que el olfato no inspira y en el que el oído no siente. ¿Qué percibimos en el silencio? una nada que lo engloba todo y va más allá de la superficialidad constante de una percepción material y física, un todo inmenso que se quiebra cuando Hulab me llama para tomar el desayuno con el resto de amigos que viven en el desierto y normalizan lo que para mí es una tregua que me da la vida cada mañana que despierto en el baldío Thar.


26 dic 2018

LA EDUCACIÓN, EL SINTOMA EN LA SOCIEDAD DE CASTAS

Canon M10, Pratishta Fundation, Dehradun, India

Ganga recibe el sagrado nombre del río Ganges, sin embargo, al igual que todos sus compañeros que acuden a la fundación cada mañana, ha tenido la desdicha de nacer mujer en la invisibilidad de una sociedad mayoritariamente machista y jerárquica. Pertenecen al grupo de exclusión denominados Dalits, conocidos en occidente por los intocables. Según la tradición hindú, ellos mismos son los responsables de su propia situación a causa de las malas acciones que realizaron en vidas pasadas, están destinados a aceptar su existencia y deben de responsabilizarse para limpiar su karma y renacer en una vida mejor. Pero Ganga y sus amigos luchan cada día, desde un pequeño pueblo en el norte del continente, para romper con la tradición de las castas que tanto caracteriza a la cultura milenaria de la India.


Canon M10, Rishikesh, India

Frederich von Schlegel escribió: ‘La India no es solo el origen de todo. Ella es superior en todo, en su intelectualidad, en su religiosidad, en sus concepciones políticas. Incluso el patrimonio de Grecia palidece ante tal comparación’. El poeta romántico se basó en el estudio de los textos milenarios escritos en sánscrito donde descubriría a los Shadus, los sabios que enseñaron a occidente sus prácticas más ancestrales de espiritualidad que incluye el Yoga. Paradójicamente, en la actualidad se mitifica esta religión que clasifica a sus fieles en cuatro castas, aunque en realidad hay muchísimas más, también llamadas Varnas, negando la existencia a los Dalits, un grupo de exclusión social al que se le ha negado cualquier tipo de derechos humanos.

Para contextualizar el origen del sistema castas es necesario acudir al texto sagrado denominado Bhagavad-gītā, en el que se relatan las principales doctrinas hindúes a través de los diálogos entre Krishna y Arjuna. Varnāshramadharma es la Ley que regula las cuatro etapas de la Vida y también la división de las castas. No es casualidad, el cuatro representa la totalidad y plenitud en la simbología numérica del pensamiento hindú, por lo que en todos los rituales hindúes el cuatro tiene un gran peso simbólico.

El término Casta, denominada Varna en Sánscrito, significa ‘color’ y ‘clasificación’, es así como se cree que el sistema de jerarquización se creó a partir de la diferenciación del color de piel, recordando a otras situaciones de racismo de la historia, como los esclavos afroamericanos en Estados Unidos o la masacre del Holocausto para preservar la raza aria en Europa, con la diferencia de que esta tradición tiene más de 3000 años de antigüedad y desde entonces forma parte innata de la sociedad india. El texto de Manusmrti que clasifica las cuatro castas denominadas Brahmanes, Kshátriyas, Vaishyas y Shudras excluye una quinta, a la que supuestamente pertenecen los ‘intocables’.

Así es, estos grupos de personas sin derechos sufren una continua discriminación social y económica, viviendo en chabolas fabricadas por telas que simulan un techo y palos de madera que recrean columnas inestables. A pesar de que el sistema de castas fue oficialmente abolido en 1950 por la Constitución, las calles de India están pobladas de personas que viven mendigando entre los excrementos de las vacas sagradas que tanto veneran.

El impacto visual de los Slums en las callejuelas de Dehradhun duele, crea una especie de nudo en la garganta que intenta evitar un grito de incomprensión existencial. Al entrar por una calle desértica, sin asfaltar, con un ligero ambiente arenoso y el sonido de ladrido de perros de fondo que caminan por las calles en busca de comida se encuentra Pratishta Fundation, una pequeña casa que destaca por las risas de niños que vienen del interior de sus coloridos muros que la protegen del árido paisaje exterior. Se trata de una fundación que acoge a niños y jóvenes de escasos recursos económicos de la zona de Dehradun para impulsar una educación de calidad y valor social. Pero Pratishta Fundation es más que una fundación, es más que una escuela, es un síntoma. 

El porcentaje de escolarización primaria en 2004 era de un 49% de la población India, con un analfabetismo adulto de 66% en 2015 que ha ido disminuyendo hasta conseguir una alfabetización del 74% en 2018 según los datos recopilados por la UNESCO. A pesar de la evolución en estos últimos años, el país cuenta con un tercio de sus habitantes menores de edad que no acuden a la escuela primaria.

El proyecto lo lleva Jyoti y Deepak, dos jóvenes hermanos que se dedican en cuerpo y alma a dar valor a todos los niños que no tienen recursos para la escolarización oficial o que necesitan un apoyo extra escolar. No se trata únicamente de enseñar materias como matemáticas, ciencias o inglés, para las cuales la fundación ha creado un programa de voluntarios de al rededor del mundo para incentivar la importancia del aprendizaje de otros idiomas y la relación con otras culturas, la base del proyecto tiene un principio claro que los hermanos quieren potenciar en sus alumnos: Valor.


Canon M10, Pratishta Fundation, Dehradun, India.

Detrás de la puerta de la cocina huele a curry recién hecho en el taller de cocina que los alumnos imparten cada domingo. Poonam es la encargada de cocina y organizadora del reparto de la comida en el salón principal, que se come en comunidad después del ritualístico rezo hindú para agradecer lo que a la vista puede parecer un simple dhal pero que en el fondo es un manjar lleno de esperanzas. En otra sala cercana un profesor habla a los alumnos de la igualdad de género y de la normalización de la menstruación en las niñas a partir de la adolescencia, que junto a proyectos como Period. End of Sentence de Arunachalam Muruganantham se está empezando a destapar lo que siempre se ha considerado como el mayor tabú entre las mujeres indias.

En 1995 Mayawati se convirtió en la primera mujer Ministra de la región de Uttar Pradesh y en general de todo el país. Pero la imagen simbólica de Mayawati no solo representa una evolución en el empoderamiento de las mujeres indias sino una ruptura con el sistema de castas debido a sus orígenes como Varna. Lideró el partido Bahujan Samaj Party (BSP), que tiene como principal cometido proteger los derechos de los marginados sociales. Estas tres últimas décadas representan un avance en el pensamiento, aunque lento y precedido de una religión muy arraigada a una cultura que gradualmente va abriéndose a nuevos conceptos éticos e ideológicos.

Ganga acude cada día a la fundación junto a su hermano pequeño al que deja jugando en la terraza mientras ella planifica las actividades como organizadora de eventos, Ganga no debe tener más de 12 años. Su hermano viste viejas ropas con las que con toda naturalidad se suena la nariz y con sus manos sucias coge un lápiz alegremente imitando a los demás niños de su alrededor que están en el taller de dibujo y pintura. Las clases de arte son las más esperadas, en ellas se potencia la creatividad a través de la música, la danza, la pintura y las manualidades. Todo ocurre bajo un cielo despejado donde el sol ilumina la ceremonia de bienvenida en la que el recién llegado es bautizado por el punto rojo en la frente y protegido por el Pratisara.  Pratisara es el nombre que recibe la pulsera de hilo combinando los colores rojo y amarillo que colocan en los rituales que se celebran en la India, según la tradición, dicho brazalete tiene la función de ahuyentar los malos espíritus y condecer la protección a quien la recibe. Me lo colocan en la muñeca izquierda, mientras algunos de los niños empiezan a llamarme Didi, que en hindi significa ‘hermana mayor’.


Canon M10, Pratishta Fundation, Dehradun, India.

La fundación representa no sólo un símbolo de un futuro mejor, sino un pequeño refugio donde los niños tienen permitido soñar, tener esperanzas y luchar para mejorar la situación de todos aquellos que como ellos, se encuentran en condición de exclusión social.

​’Ya tenemos todo el dinero del mundo, y ¿qué estamos haciendo?.’ Contesta Manish cuando se le pregunta que haría si tuviera todas las riquezas del mundo. Manish tiene 15 años recién cumplidos y uno de sus deseos es acabar con el sistema de castas y en general con la pobreza del mundo, siendo consciente de que su situación es más común de lo que queremos creer.  En sus sueños se alista al ejército para poner fin a la guerra entre Pakistán e India por el territorio de Cashemira y así luchar por una paz casi utópica. Al igual que él, Pawan de 10 años, quiere luchar contra la pobreza labrándose un futuro en la escuela para abrir su propia tienda de electrónica, para formar parte de una sociedad justa e igualitaria donde todas las personas tengan derecho a un trabajo y un sueldo digno.


Canon M10, Pratishta Fundation, Dehradun, India.

Ganga junto a sus otros compañeros sueña con ser bailarina, y es que los hermanos Jyoti y Deepak potencian el arte y la creatividad en todos sus sentidos, desde talleres de danza y concursos de canto hasta clases de dibujo. Cogemos un bote de pintura de color negra y empezamos a pintar las paredes con formas geométricas que desde una visión occidental puede simular a un arte más bien primitivo, es el denominado arte Warli, que se caracteriza por sus figuras geométricas originarias de Maharashtra. Mientras tanto otros niños colorean las páginas de sus cuadernos ya usados, representando casas idílicas, flores sonrientes y montañas verdes, su imaginario se contradice con la realidad que les envuelve, y eso crea un ambiente de esperanza que ya había olvidado en mi día a día rutinario.

Las sonrisas, los gritos, el aire, el rezo musulmán por megafonía que se repite varias veces al día, el olor a chai recién hecho, el crispamiento de las chispas de la hoguera que encendemos cada noche para calentarnos de las gélidas brisas que envuelven la oscuridad más silenciosa, el agua fría de la ducha en pleno invierno, el vendedor de mantas que pasa cada tarde promocionando sus mejores productos, las motos que levantan el polvo seco de las calles sin asfaltar, las miradas de curiosidad, los colores naranjas que adornan los santuarios hindúes de las casas, los sueños prometedores de una generación que decidirá el futuro de un país en progreso…


12 ago 2016

EL DESGARRO DE LA IDENTIDAD Y LA DISINCRONÍA: LA SEGUNDA CRISIS DEL SUJETO

Canon 550D, Marruecos, Zagora, 2016.


No es azar si el pensamiento conjunto encuentra similitudes entre la contemporaneidad y el principio de la mutilación del sujeto musiliano. ¿Estamos viviendo una reiteración de los ciclos temporales de uróboros? ¿O más bien nos encontramos en aquel fatalismo que Nietzsche hostilmente reenombró 'el eterno retorno'? 

Como dice Gérard Mortier, la comunicación ya no cuenta nada sobre el contenido, ya vivimos, no en la vorágine de la vida transgresora que deriva en la crisis de las palabras, no recaemos en el hombre sin atributos, ya somos ese individuo con ausencia de particularidades, en la objetividad ya podemos hablar de lo que me he dado el privilegio de llamar, la 'mutilación del sujeto', o en palabras más actuales, el globalismo y la masa. 

Esta licencia no supone un sustancial planteamiento del YO, sino más bien un nuevo concepto de perturbación del tempus. La linealidad se descataloga como entendimiento de la existencia, y los microtiempos adoptan un carácter superior e infinito que aletarga al ser en un sin fin de propósitos divagatorios. Dejamos atrás la crisis del sujeto evocado a una vida desenfrenadamente limitada para dar paso a un sujeto que ha perdido los conceptos en los que el ser humano ha vivido hasta ahora: los binarismos del origen y la muerte, el inicio y el final condenados a su inexistencia actual, vivimos, por lo tanto, en un espacio vacío de tiempo, situándonos ante la nueva crisis del sujeto en una inexistente linealidad temporal.


14 may 2016

AMANTES EN TOKYO.

Asakusa, Japón, 2008.

 Si els sentits poguessin oblidar la raó
estimar sería senzillament més pur.

12 may 2016

LA CONSTANTE DEL 'YO' EGOCÉNTRICO: NARCISO Y ORIENTALISMO

Echo and Narcissus, John William Waterhouse, 1903



Escribir, pintar y reflexionar no tienen un motivo de competividad inútil, en el momento en que las pasiones pasen a ser la causa de la mutilación del goce creativo abandonaré las páginas, los lienzos y el pensamiento. En unos tiempos en que no tener más de una cantidad concreta de seguidores y que no vestir una moda impuesta conscientemente es sinónimo de perdedor, yo lo reafirmo, me han vencido, aún a riesgos de que esta misma reflexión sigue teniendo una parte de ego congénito. Todo parece un escenario del melancólico punto pesimista de la propia existencia, pretender ser el peor nos otorga de excusa para ignorar obviedades difíciles de enfrontar, pretender ser el mejor nos otorga un poder sobre el otro, que nos hace sentir vanidosos ante nuestra limitación. Más o menos, ambos se nutren y coinciden en lo que en nuestra especialización se llama 'Otredad'. Es todo un autoengaño.

Pasa que la absurda rivalización empieza a ser una constante común, quizás innata, en la propia existencia del individuo. La necesidad de competir en una sociedad que nos ha inducido a seguir el camino de la auto perfección, de un intento de superioridad inalcanzable, inexistente, que nos enfrenta a nuestro propio 'yo' más frágil, rechazando nuestra ambigüedad que surge de una Naturaleza kantiana, para evitar al juicioso, que se convierte en la absurda constante del 'yo' egocéntrico, del Narciso empedernido como individuo o de lo que en el pluralismo se ha extrapolado al Colonialismo.

Nos obsesionamos de nuestro 'yo', hasta tal punto que expiramos nuestros días con absurdos prototipos que nos llevan a un estado narcisista. Sin embargo, pocos son conscientes de lo que ello representa. Narciso, protagonista del pasaje de Ovidio, es la ejemplificación del ser contemporáneo, el cual con una extraña vanidad establecida se enamora de su propia imagen y muere por su causa. Este establecimiento crea una controversia fundada en una misma ironía; por un lado como una proyección innata, por otro como una influencia social. En este primer sentido el 'otro' pasa a un segundo plano en nuestro valor, y es que el tratamiento de la Otredad en el narcisismo debe de ponerse en valor. Como dice Darío Sztajnszrajber, siempre se pone al 'otro' afuera, sin tratar de visualizar ese otro que habita en el yo mismo, y es que el 'yo' solo puede ser con el otro, al igual que el objeto solo puede ser con el sujeto. Este 'poner fuera', con una manifestación diferencial, nos sitúa en un lugar privilegiado donde la característica del propio yo nos es única, inimitable e intransferible, lo que supone o deriva en un ego, como ya afirmó Said respecto a la otredad puesta en la supremacía grupal del colonialismo del siglo XIX que ha derivado en el binario Occidente-Oriente y el despectivo sentido de 'Orientalismo'. 

Exactamente me refiero a la imagen del ego que socialmente se rechaza, y del que individualmente no aceptamos formar parte. Ya no categorizamos el ego como algo físico, por el cual Narciso murió, sino más bien el que está instaurado en todos los rasgos de la vida, el ego que hace referencia directa a aquello que en psicología han llamado autoestima, un término constante en nuestros tiempos que caracteriza las generaciones del siglo XXI.

Me cuestiono, muchas veces, si realmente el ego tiene un valor sustancial en la conciencia del tiempo finito, lo que supone una peculiar paradoja; quizás la consciencia de la finitud nos hace necesario un ego, lo que da como resultado final lo de siempre, la absurda esperanza del ser, volviendo a referencias a Camus. Es así la sensación que representa Caravaggio en su obra, el auto-enamoramiento de una figura que no ve más allá de si misma, en un fondo oscuro que otorga una focalización directa en el sujeto protagonista, así el artista caracterizado por sus claroscuros evidencia lo eclipsado del ensimismamiento propio.

Muchos han sido los filósofos y pensadores que han tratado la idea del ego. Sin embargo, hay que ir a Descartes para empezar a entender un 'yo' que nos aleja de una relatividad inminente, donde el je cartesiano se convierte en un yo pensante, separándose del cuerpo como tal, con su ya conocida afirmación cogito ergo sum, convirtiendo al 'yo' en un alma pensante de si mismo y consciente de su existencia. En este punto os recomiendo la lectura de 'El ego y el cuerpo. El dilema de Descartes' de Vicente Sanfélix Vidarte, un trabajo que analiza profundamente el sentido del yo cartesiano respaldado por otros autores como Samuel Kripke.


 En Aurora, Nietzsche le dedica un pequeño fragmento en relación al egoísmo aparente:
La mayor parte de las gentes, digan lo que quieran de su 'egoísmo', no hacen nada, durante su vida, por su ego, sino solamente por el fantasma de su ego formado en el cerebro de los que les rodean, antes de comunicarse con ellos; por consiguiente, viven todos en una nube de opiniones impersonales, de apreciaciones fortuitas y ficticias. (...) todos esos hombres desconocios el uno del otro creen esa cosa abstracta que se llama 'hombre', es decir, en una ficción; y todo cambio intentado sobre esta cosa abstracta por los juicios de las individualidades poderosas (...) producen un efecto extraordinario e insensato sobre el gran número. Y todo esto porque cada individuo no sabe oponer, en este gran número, un verdadero ego, que le sea propio y que él haya profundizado, a la pálida ficción universal que él destruirá por esto mismo. - Aurora

Se trata de una invención constituida por apreciaciones exteriores, opiniones ajenas que ha creado la sociedad con la ausencia de observación profunda, dejándose enajenar por los juicios del otro. Observamos la gran estima que tiene el pensador prusiano en la imagen de su Superhombre que se relaciona directamente con ese ego que categoriza de un bien necesario:
...al egoísmo saludable, sano, que brota de un alma poderosa, a la que corresponde el cuerpo elevado, el cuerpo bello, victorioso, reconfortante, en torno al cual toda cosa se transforma en espejo: el cuerpo flexible, persuasivo, el bailarín, del cual es símbolo y compendio el alma gozosa de sí misma. - Así habló Zaratrust.

Sobre el 'yo' se ha basado la filosofía de todos los tiempos, especialmente desde que Nietzsche mató a Dios y nos encomendó la responsabilidad de nuestras propias vidas y de buscarle una significación a esto que soy yo en relación al otro.